Podía haber sido Mark Knopfler, quizás Bebe, Melendi, Elvis Costello o Diana Krall. Pensé finalmente que una vez que ninguno de éstos hubieron supuesto mi estreno como cámara en grandes multitudes, perdería la virginidad con el plato fuerte de Muse. Iluso de mí.
Hoy he tenido los preliminares del presumiblemente orgásmico concierto del señor Bellamy y compañía y fue junto a 12 mil jóvenes cristianos. Sí amigos, no era lo esperado ni lo que llevo soñando todo el verano pero tuvo su gracia. No se veían camisetas de los ramones, ni patillas largas, gafas de sol o pantalones bien ceñidos a la pantorrilla. Los alzacuellos, las cruces y las pañoletas conmemorativas eran lo ‘mood’ de esta congregación.

Los jóvenes del Papa
Jesucristo, ‘Jisuscraist’, será menos Ronaldo que Cristiano, pero se llevó más gritos y referencias que el portuguesito hace un año en el Bernabéu. Todo el mundo coreaba su nombre con cánticos futboleros. ¡Hasta el rock era celestial! Con mi cámara busqué el plano típico de concierto que viene y se va del punteo de las cuerdas. Lo gracioso era ir ascendiendo por la guitarra, la camisa bien abrochada del ‘rocker’ y llegar hasta su alzacuellos. Mágico.
Entonces llegó el invitado sorpresa de la noche. Todavía no había llegado Jesús -vaya faena si falta a la cita-. En medio de decenas de banderas españolas vislumbro una bandera nacionalista gallega pasearse entre la multitud con un movimiento perfecto. ¿Será Anxo Quintana grabando un nuevo spot a lo Espartaco? Me acerco raudo y veloz y me encuentro algo mucho mejor: UXÍO. El siempre eterno vecino compostelano se coló, camisa desabrochada, pecho al viento, sombrero bien colocado y como un señor sobre su motorizada silla de ruedas para mirar con desdén a los miles de jóvenes que lo rodeaban.
Entonces me di cuenta del poder mediático que tenía en ese momento, de lo perverso que podía ser en este acto. Se me fue de las manos. Cambios de foco de una niña a los obispos que copaban el palco de autoridades, la estrella roja de la bandera de Uxío fundida con crucifijos, o licencias como cortar algunas preguntas que mi compañera hacía a los entregados jóvenes.
Pensé que alguien me podía recriminar esta actitud, pero aquí no pasaría. Lo bueno de estos actos es que nadie te pegará nunca, son como los festivales de indies.
Acabé la tarde enchufadísimo con el acto. De camino a Localia tarareaba las canciones pop-rockerocristianas que había escuchado durante hora y media, no podía sacarme de la cabeza el “estos son, los jóvenes del Papa (8)”… Me fui para casa, encendí el iPod y aleatoriamente sonaron los Rollings…diabólicos, pensé!

Una última reflexión me corroe ahora desde mi pupitre…¿si le haces un canutazo a un obispo lo mandas directo al cielo?