Archivo de 22 junio 2011

Yo y los sueños 5.0

06/22/2011

Cuando obligas a tu subconsciente a estar inactivo durante varios días has de pagarlo de alguna manera. Han sido pocas las horas de sueño de las que he disfrutado esta semana y mi mente revuelta y maníaco-depresiva le está jodiendo su ocupación nocturna. De trabajar en precario, mi subconsciente ha pasado a estar en paro forzado. Él y yo, indignados por tal injusticia decidimos hace poco iniciar nuestra particular acampada y cambiar las cosas. Por un SUEÑO REAL YA!

Vamos por buen camino y hoy ha tenido rienda suelta. Se ha puesto las botas. No sé si por falta de engranaje o por exceso de motivación, pero me ha dejado tocado y pensando en qué será de él, de mí y de mi cordura.

Me acosté tarde pero él seguía ojo avizor y trazó, aún así, su maléfica y bizarra hoja de ruta como si fuese medianoche.

No sé cómo ni desde dónde pero aparecí en un mundo mitad Narnia mitad universo 5.0. Había una catedral enorme, de dimensiones extremas. A escasos diez metros de ella, en la misma plaza, se elevaba una mini cordillera. Sí, lo que todos entendemos por cordillera. Tú también, hijo de la época do Coñecemento do Medio. Era una plaza en la que tanto podías ver una preciosa y rascaciélica catedral como podías hacer escalada. Así somos mi subconsciente y yo.

De ahí aparecí vestido de gala. Traje, camisa blanca y corbata. Pelo corto y bien arreglado. Debía estar dentro de la catedral porque caminaba por un pasillo con mucha gente sentada a ambos lados en multitud de bancos. Me iba a casar. Máder!

Desde ese momento dije adiós a la parte más cercana a los mundos de Narnia y comenzaba el mundo 5.0. En mi boda no había cura si no una potente y enorme computadora que me recibió con cientos de LED’s parpadeantes al son de una música demasiado parecida a la de un keygen. No había santos, ni flores ni velas.

Aquello era todo un Picadilly profano.

Tampoco había un coro de señoras con voz angelical. Toda la familia se colaba justo de frente, a un lado de la gran computadora sacerdotal en una disposición exactamente igual a la de Identity. Así tendría que mirarlos a los ojos antes del ‘sí quiero’.

Para ese momento, el definitivo en una boda, había una particular cuenta atrás en una de las múltiples pantallas. A medida que los segundos iban bajando mi novia me apretaba más y más la mano. No os hablé de ella. Era guapísima y no, no vestía un traje 5.0, si no uno blanco y tradicional. Debía de ser verano porque iba fresca. Quizás lo más bizarro de todo esto no sea que me casase en una iglesia 5.0 si no que una chica así me fuese a dar el ‘sí quiero’. Por lo que la tecnología pudiese hacer, la tenía bien agarrada en el altar.

Entonces llegó el gran momento. Ella me dijo que no le fallase y que lo dijese alto y claro. Yo me reía tímidamente y asentía con la cabeza. Aquéllo le molestaba de veras. Más apretones de manos por su parte. Terminó la cuenta atrás, campanilla y la gran computadora me lo preguntó. Quise ser serio, maduro y lo dije alto y claro. Entonces una gran ruleta digital llena de luces de colores comenzó a girar. ¿Qué coño era aquello? Salió una cifra: 55%. Y una sintonía de que algo no iba del todo bien. Debajo un: “demasiado serio”. Los invitados exclamaron un largo y peliculero ‘ohhhh’.

Mi novia estaba seria y me miraba con mala cara. Aquélla jodida máquina 5.0 había dado su veredicto y era que mi convencimiento era de un 55%. Yo, que solo quería ser serio delante de su familia y de los invitados. Yo, enamorado hasta las trancas y mirando por encima del hombro a los invitados masculinos mientras la agarraba con convencimiento. La tecnología contra mí. Entonces apareció ella. Oprah Winfrey. Miró a mi novia y le dijo: “oye, no está nada mal, es una buena nota”. Me había salvado la vida.

Era su turno. El de mi novia, no el de Oprah. Y cumplió por los dos con un merecido 95%, ya conocedora de cómo se las gastaba aquél diabólico sacerdote justiciero 5.0. Más luces de colores, aplausos y mucho MIDI resonando. Solo faltaba el sombrero de Hogwarts dando saltos por el altar.

Una vez despierto y sin trajes ni cientos de LED’s parpadeando delante de mí decidí hacer un pequeño pacto con mi subconsciente. Tendré que currármelo y seguir trabajando en ello, pero intentaré no dejarlo inactivo durante tanto tiempo como esta vez.

Que los dioses 5.0 me pillen confesado.

Midnight in Proupín

06/01/2011

Los pequeños sueños quizás tengan sentido. Ya se den en pequeños cuartuchos, en un gran centro comercial o en un carruaje de los años 20. Entre niños, ancianos o viejos literatos. Yo, joven y sobre el papel persona voraz, con ilusión y supuesto optimismo ante la vida no había caído en nada de esto. O sí, y lo que se había caído había sido la esperanza. No sé muy bien por donde anda, si se la ha comido el 15M y la Puerta del Sol o si ya no quedan existencias. Lo cierto es que un anciano de 75 años me demostró anoche que el presente quizás no esté tan hipotecado como yo creía.

Y no es que me haya vuelto gilipollas o me haya caído en una marmita llena de estupidez. De eso ya hace tiempo y todavía no soy capaz de cargar con menhires. Lo del gimnasio no da para más. Pero más allá del gusto de poder pasar toda una madrugada con Hemingway, Dalí, Picasso o Buñuel, creo que las pequeñas burbujas tienen cabida en el presente. Ya sean de tiempos pasados que fueron mejores o de sueños que rompen con el hoy, aquí y ahora.

Si existen pequeños instantes en los que eres capaz de parar el tiempo…Vale, seamos sinceros….Si existen pequeños instantes en los que alguien es capaz de hacer que se te pare el tiempo entonces lo de la hipoteca está hecho. Sin dinero para un Delorean ni abundancia de estupefacientes, creo en el tema de las burbujas del presente.

No sé si la culpa la tiene la ciencia, mi subconsciente, Woody Allen o Carla Bruni. Hace 24 horas que me fui de paseo a la playa con un frío de narices y con todo un arenal ante mí. Más tarde me pude comparar con Owen Wilson mientras hacía algo parecido pero por París y creando su propio mundo en un odiable presente.

A él lo recogía a medianoche un carruaje de los años 20 y yo conduzco un coche de casi 20 años.


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