Yo y los sueños 5.0

06/22/2011

Cuando obligas a tu subconsciente a estar inactivo durante varios días has de pagarlo de alguna manera. Han sido pocas las horas de sueño de las que he disfrutado esta semana y mi mente revuelta y maníaco-depresiva le está jodiendo su ocupación nocturna. De trabajar en precario, mi subconsciente ha pasado a estar en paro forzado. Él y yo, indignados por tal injusticia decidimos hace poco iniciar nuestra particular acampada y cambiar las cosas. Por un SUEÑO REAL YA!

Vamos por buen camino y hoy ha tenido rienda suelta. Se ha puesto las botas. No sé si por falta de engranaje o por exceso de motivación, pero me ha dejado tocado y pensando en qué será de él, de mí y de mi cordura.

Me acosté tarde pero él seguía ojo avizor y trazó, aún así, su maléfica y bizarra hoja de ruta como si fuese medianoche.

No sé cómo ni desde dónde pero aparecí en un mundo mitad Narnia mitad universo 5.0. Había una catedral enorme, de dimensiones extremas. A escasos diez metros de ella, en la misma plaza, se elevaba una mini cordillera. Sí, lo que todos entendemos por cordillera. Tú también, hijo de la época do Coñecemento do Medio. Era una plaza en la que tanto podías ver una preciosa y rascaciélica catedral como podías hacer escalada. Así somos mi subconsciente y yo.

De ahí aparecí vestido de gala. Traje, camisa blanca y corbata. Pelo corto y bien arreglado. Debía estar dentro de la catedral porque caminaba por un pasillo con mucha gente sentada a ambos lados en multitud de bancos. Me iba a casar. Máder!

Desde ese momento dije adiós a la parte más cercana a los mundos de Narnia y comenzaba el mundo 5.0. En mi boda no había cura si no una potente y enorme computadora que me recibió con cientos de LED’s parpadeantes al son de una música demasiado parecida a la de un keygen. No había santos, ni flores ni velas.

Aquello era todo un Picadilly profano.

Tampoco había un coro de señoras con voz angelical. Toda la familia se colaba justo de frente, a un lado de la gran computadora sacerdotal en una disposición exactamente igual a la de Identity. Así tendría que mirarlos a los ojos antes del ‘sí quiero’.

Para ese momento, el definitivo en una boda, había una particular cuenta atrás en una de las múltiples pantallas. A medida que los segundos iban bajando mi novia me apretaba más y más la mano. No os hablé de ella. Era guapísima y no, no vestía un traje 5.0, si no uno blanco y tradicional. Debía de ser verano porque iba fresca. Quizás lo más bizarro de todo esto no sea que me casase en una iglesia 5.0 si no que una chica así me fuese a dar el ‘sí quiero’. Por lo que la tecnología pudiese hacer, la tenía bien agarrada en el altar.

Entonces llegó el gran momento. Ella me dijo que no le fallase y que lo dijese alto y claro. Yo me reía tímidamente y asentía con la cabeza. Aquéllo le molestaba de veras. Más apretones de manos por su parte. Terminó la cuenta atrás, campanilla y la gran computadora me lo preguntó. Quise ser serio, maduro y lo dije alto y claro. Entonces una gran ruleta digital llena de luces de colores comenzó a girar. ¿Qué coño era aquello? Salió una cifra: 55%. Y una sintonía de que algo no iba del todo bien. Debajo un: “demasiado serio”. Los invitados exclamaron un largo y peliculero ‘ohhhh’.

Mi novia estaba seria y me miraba con mala cara. Aquélla jodida máquina 5.0 había dado su veredicto y era que mi convencimiento era de un 55%. Yo, que solo quería ser serio delante de su familia y de los invitados. Yo, enamorado hasta las trancas y mirando por encima del hombro a los invitados masculinos mientras la agarraba con convencimiento. La tecnología contra mí. Entonces apareció ella. Oprah Winfrey. Miró a mi novia y le dijo: “oye, no está nada mal, es una buena nota”. Me había salvado la vida.

Era su turno. El de mi novia, no el de Oprah. Y cumplió por los dos con un merecido 95%, ya conocedora de cómo se las gastaba aquél diabólico sacerdote justiciero 5.0. Más luces de colores, aplausos y mucho MIDI resonando. Solo faltaba el sombrero de Hogwarts dando saltos por el altar.

Una vez despierto y sin trajes ni cientos de LED’s parpadeando delante de mí decidí hacer un pequeño pacto con mi subconsciente. Tendré que currármelo y seguir trabajando en ello, pero intentaré no dejarlo inactivo durante tanto tiempo como esta vez.

Que los dioses 5.0 me pillen confesado.

Midnight in Proupín

06/01/2011

Los pequeños sueños quizás tengan sentido. Ya se den en pequeños cuartuchos, en un gran centro comercial o en un carruaje de los años 20. Entre niños, ancianos o viejos literatos. Yo, joven y sobre el papel persona voraz, con ilusión y supuesto optimismo ante la vida no había caído en nada de esto. O sí, y lo que se había caído había sido la esperanza. No sé muy bien por donde anda, si se la ha comido el 15M y la Puerta del Sol o si ya no quedan existencias. Lo cierto es que un anciano de 75 años me demostró anoche que el presente quizás no esté tan hipotecado como yo creía.

Y no es que me haya vuelto gilipollas o me haya caído en una marmita llena de estupidez. De eso ya hace tiempo y todavía no soy capaz de cargar con menhires. Lo del gimnasio no da para más. Pero más allá del gusto de poder pasar toda una madrugada con Hemingway, Dalí, Picasso o Buñuel, creo que las pequeñas burbujas tienen cabida en el presente. Ya sean de tiempos pasados que fueron mejores o de sueños que rompen con el hoy, aquí y ahora.

Si existen pequeños instantes en los que eres capaz de parar el tiempo…Vale, seamos sinceros….Si existen pequeños instantes en los que alguien es capaz de hacer que se te pare el tiempo entonces lo de la hipoteca está hecho. Sin dinero para un Delorean ni abundancia de estupefacientes, creo en el tema de las burbujas del presente.

No sé si la culpa la tiene la ciencia, mi subconsciente, Woody Allen o Carla Bruni. Hace 24 horas que me fui de paseo a la playa con un frío de narices y con todo un arenal ante mí. Más tarde me pude comparar con Owen Wilson mientras hacía algo parecido pero por París y creando su propio mundo en un odiable presente.

A él lo recogía a medianoche un carruaje de los años 20 y yo conduzco un coche de casi 20 años.

Subconsciente, yo te reto.

05/27/2011

He cumplido 23 años Ya están cumplidos, todos ellos. Desde sus 00 horas hasta sus siguientes, con sus respetables 24 horas de por medio. Ya voy camino de los 24, de hecho. Desde hace media hora mi teléfono ha dejado de sonar, las redes sociales han dejado de actualizarse y los encuentros fortuitos con la gente de la calle han dejado de convertirse en felicitaciones gratuitas. Bien, ya estoy en mi casa, en mi cama, sin calle ni encuentros. Oh, encuentros de cama….sin ellos también, efectivamente.

¡Cacho! ….

Y ya entre sábanas me reto con el destino del sueño. A punto de completar 40 horas don’t stop mi mente se imagina un duelo a muerte entre Morfeo y Freud. El primero se siente gobernador de mi destino para las siguientes diez….muchas horas, y el segundo sabe que esta vez se puede poner las botas con los entresijos de mi subconsciente. Confío en ellos por aquello de que en aguas revueltas ganancia de pescadores. Y todos saben que Pedro siempre fue uno de los grandes con las redes. ¿O era Santiago? ¿Andrés? ¿Simón? Simón, Simón Pedro.

Amigos, el subconsciente es muy perro y te puede jugar muy malas pasadas. Esta vez le he dado carnaza, de la buena, y sé que me la va a liar. Prescindiré de la salida de emergencia del despertador de las 11 de la mañana de un sábado que postergas hasta la 1 de la tarde. Hoy no habrá ningún timbre que detenga el duelo. Mi vida es un constante western. Grelo-western, leira-wester, sueño-western… Al final ninguno de los personajes muere.Soy el peor escritor de dramas de la historia. Hasta de mis sueños.

Lo dejo todo a la buena suerte del factor tiempo, del limbo de mi subconsciente, de Freud y de Morfeo. Por si todos ellos fuesen demasiado crueles siempre estará ahí tu madre para cuidar de ti.

Para encender a tiempo y a primera hora de la mañana una chirriante aspiradora que te salve de una buena emboscada onírica y te proporcione una nueva salida de emergencia.

Ciencia, te odio.

02/10/2011

La ciencia es muy puta. Yo siempre había confiado en ella pese a desconocerla. La idealizaba como a la chica de mis sueños. No la ves, ni la hueles ni la tocas, pero sabes que tiene poder y un magnetismo que te puede salvar la vida. Como la chica de tus sueños.

Entonces me puse a buscar como un loco la posibilidad de hacerlo. Era la única posibilidad que tenía de ser un tío corriente y disfrutar de cada despertar tanto como de cada profundo suspiro antes de caer rendido en cama a su lado. Creía que la ciencia podría conseguir que ella estuviese en todos lados, en dos a la vez, pero siempre conmigo.

No era tan difícil. O eso creía yo. Internet, el Twitter, las redes sociales, los satélites, el 2.0. Algo tenía que haber para poder partirla en dos, o en tres y que uno de esos pedazos fuese mío. Para consumo propio, exclusivo y sin moderación. Sabía que en el fondo algo de ella me correspondía, me lo había ganado y lo necesitaba.

La necesidad se convirtió en obsesión y la ciencia no me dio respuesta. Había perdido la batalla y solo quedaba la fe. Me hablaron de robar parte de su esencia en un diminuto frasco que racionar con resignación, al margen de la ciencia. Entonces me di cuenta de que la fe mueve montañas y fantasmas. Y la ciencia, la ciencia ni eso.

Odio los botes de formol y los tubos de ensayo .

Y la oveja Dolly son los padres.

‘Pá negre’, ¿otra más sobre la Guerra Civil?

02/03/2011

Agustí Villaronga hace que gracias a Pa negre salgamos de la sala con la sensación de haber visto algo más que una película sobre la Guerra Civil española. Ambientada en la Cataluña de posguerra, la segunda cinta con más nominaciones para los Goya (14) habla, sobre todo, de las relaciones humanas y de la deflagración de la moral y de los ideales. Lo hace desde el punto de vista de un inocente niño que termina haciéndose de forma prematura un hombre lleno de ira y crueldad.

Es una mirada al pasado desde un punto de vista diferente, ahondando en el individuo y en su entorno. El personaje de Andreu bien podría tener cabida en una película de Chabrol, Truffaut o en los primeros años de Godard. Tras descubrir acontecimientos horribles quiere romper son su pasado y lo hace corriendo tras conocer un acontecimiento terrible de pasado de su padre. Bien podríamos ver en él al Antoine Doinel español o al Enrique de La Caza. La carrera, la escapatoria que da fin a Los 400 golpes y al film de Saura y que fue símbolo de todo un movimiento se repite en Pa negro como homenaje pero como contrapunto de una libertad que aquí no es absoluta.

El corrompido y empodrecido pasado de su padre, al que idolatraba y al que respetaba por encima de todo, rompe unos ideales y una moral que parecían infranqueables. Para Villaronga no hay vencedores ni vencidos pero sí valores y principios rotos. Niños ilusos que se hacen mayores sobre la ira y el rencor. De la mano de la magistral interpretación de Francesc Colomer nos ponemos del lado de unos rojos vencidos, oprimidos y desdichados para más tarde recibir junto a él una bofetada del pasado que termina por hablarnos de la carencia de una libertad absoluta. De un maniqueísmo entre fascistas y republicanos que no termina por ser absoluto.

La película se convierte además, en una bonita metáfora visual sustentada sobre una preciosista y cuidada fotografía punteada con impactantes secuencias cargadas de un brutal significado poético. Los pájaros como símbolo de libertad, pero al mismo tiempo como voces enjauladas o los sueños rotos de un Andreu al que se le aparecen fantasmas no solo en su vida si no en su espíritu y en su crecimiento.


El momento: La brutal secuencia en la que Andreu destruye, machete en mano, la crianza de pájaros cantores que sostenía a su familia. Acaba de forma violenta con el legado de su padre.

Lo mejor: Una belleza visual y poética al servicio de la narración.

Desconcertante: Su mezcla de estilos. De una narración intimista y clásica, a una cámara en mano creo que poco motivada y que aleja y distrae más que dotar al film de un realismo que consigue mediante unas interpretaciones más que reseñables.

Más allá de la vida y del cine de Clint Eastwood

01/27/2011

Quizás fue porque llegué al cine con pocas expectativas después de oír críticas por doquier, o quizás porque las pelis de Clint me ganan con solo saber que son de él, pero al acabar Más allá de la vida salí de la sala con la sensación de ver una peli que no pasará a la historia por ser la mejor de su filmografía pero que está rodada por un señor que hace cine del bueno.

El guión, de Peter Morgan, describe tres historias paralelas centradas en otros tantos protagonistas que tienen una experiencia con la muerte que marcará su vida. A partir de esta premisa, los personajes no terminan de tener una tridimensionalidad y una profundidad que acabe de atraer al espectador. Tampoco ninguno de ellos vive una historia que nos haga estar pegados al asiento esperando ansiosamente su desarrollo y final. Realmente, no nos importa si Matt Damon se tirará a la chica del curso de cocina italiana, o si la periodista francesa escribirá un best seller que la vuelva a convertir en imagen del país. Y por muy cruel que suene, ni siquiera estamos deseando que el desgraciado de Marcus se integre en su nueva familia y olvide sus penas.

Pero lo que sí consigue la película es desarrollar un tema excesivamente complejo, lleno de preguntas sin respuesta y que puede vagar entre la ciencia ficción y el drama. Ahí es donde el peso de Clint Eastwood hace que el tratamiento del tema se imponga al desarrollo de personajes y de la historia.

Creo que el trío de tramas no le benefician a un director que destaca por una narración clásica y que, sobre todo, crea personajes que llenan la pantalla y se apoderan de la película. No tenemos al viejo y entrañable Walt de Gran Torino, ni al Frankie Dann de Million Dollar Baby, al Sean Penn de Mystic River, a la enamoradiza Meryl Streep de Los puentes de Madison o al viejo vaquero de Sin Perdón, y eso se echa de menos. No existe identificación con ningún personaje. Eso, unido al desastroso doblaje hace que nos distanciemos de la historia y no la sigamos con emoción ni trascendencia.

Pero cuando un viejo de 80 años habla de la vida y lo hace con mecanismos de cine puede surgir el efecto esperado. De Más allá de la vida podemos extraer un concepto nietzscheano que habla de la esclavización de la vida en beneficio de la muerte. La parodia eclesiástica se culmina con la escena del entierro de Jason. Los tres personajes se convierten en esclavos de su vida desde el momento en el que la muerte se cruza en su camino, desde el momento en el que piensan en el más allá. El ejemplo más claro es el del personaje de Matt Damon, aquél que además mayor contacto tiene con la muerte.

La crítica de Eastwood, sin embargo, no es absoluta y dota al tema de un ambigüedad que entiendo que transmite sus propias dudas sobre lo que habrá después de la muerte. Tanto es así que si bien parodia a todo el gremio de ‘lectores del más allá’, al personaje de Damon lo excluye de tal estafa; al igual que a una Cécile de France a la que no trata como una desviada que tras darse un gran golpe desvaría y piensa en la vida después de la muerte.

Una puesta en escena redonda

No en cuanto a su perfección si no en lo referente a su consistencia. La película se abre con un torrente de agua que deja al espectador boquiabierto. El tsunami de Tailandia. Una planificación más propia del cine de Spielberg que del suyo –¡sorpresa!, el bueno de Steven es uno de los productores- y que recuerda en ocasiones al tratamiento visual de la gran secuencia del desembarco de Normandía en Salvar al soldado Ryan.

Tras esto, el agua llenará toda la iconografía de la película. El azul está presente en todas las escenas. En la ropa de la periodista, en el mobiliario, los cuadros… Una presencia casi enfermiza que se mezcla con verdes, ocres y marrones. En efecto, una paleta cromática que simboliza la vida sobre todas las cosas, sobre la angustia de los personajes y sobre la muerte. Entre mientras, los rojos marcan el contraste en ocasiones puntuales. La caja de la que la madre de Jason y Marcus saca la receta, luces del restaurante a donde van a cenar la pareja de franceses o los tomates que Matt Damon no para de cortar a lo largo de toda la película.

La película se abre con todo un ‘baño de agua’ para meterse a hablar de lleno de la vida y la muerte, convirtiéndola en icono del film. Un ‘bautizo’ perfecto para meterle mano a esa crítica eclesiástica.

Más allá de todo esto y sin satisfacer demasiado, Clint usa el cine para dar su punto de vista sobre un tema tan conflictivo como inabordable. Por ello quizás el final caiga en un ‘facilismo’ evitable y creo que, innecesario para una película de la que tras 120 minutos no precisaba de dar a conocer el desenlace de las tramas de tres protas que serían engullidos por cualquiera de las últimas creaciones de nuestro querido y sucio abuelote.

A difícil tarefa de ser de Meñaka

01/26/2011

Lotina, ese individuo solitario

Sen cuncha nin escudo, Miguel Ángel Lotina recibe día sí día tamén un fusilamento mediático, na opinión dun servidor, exacerbado, irracional e basado nun forofismo desmedido. E o peor non é que as balas salan de escopetas desviadas de xoves que non recordan tempos peores, se non que nas últimas datas ata algúns profesionais do medio se están a deixar levar pola corrente.

A eliminación de Copa do Rei fíxolle máis dano do esperado a un adestrador que dende a súa chegada tivo que lidiar con toda una serie de contratempos agora semella que esquecidos. As lesións, o maior de todos eles. Guardado, Riki e Míchel están a piques de reaparecer, tres xogadores chamados a ser ‘titularísimos’-parafraseando ao gurú do pseudo xornalismo deportivo- e cos que non puido contar na maior parte do que levamos de tempada. Ninguén dubida das debilidades deste plantel, pero poucos son os que se paran a analizalo.

Coma se dun mecanismo autómata se tratase, medios e siareiros levantan as súas fouces en busca dun pelexo que levar á picota e poder saciar as súas ansias de vinganza co mundo en xeral. Dende as capas máis altas da institución presúmese e sácase peito, non sen motivo de bo seguro, da mellora económica do club mais á hora de dar a cara polo presente e futuro meramente deportivo o nome máis escoitado volve a ser o de Miguel Ángel Lotina. Ese adestrador que clama durante os últimos tres anos por un dianteiro e que incluso levou ao equipo a Europa co posto. Sen cuncha nin escudo. Na vangarda da fronte. Eso sí, con Rindaroy’s de implacables escudeiros.

Prometo que non escribo o presente dende o retiro dunha habitación de campo pagada por ninguén de Meñaka, pero o ataque centrado na figura do adestrador cheira non so a anti deportivismo, se non a cobardía e a pouco raciocinio. Ese que escasea no universo deportivo e que fai do deporte de masas por excelencia un perfecto universo referencial dunha sociedade perfectamente disposta a evolucionar. A dúbida ofende.

O problema non ven da crítica en sí, se non da súa falta de argumentos. Non serei eu o que non critique un sistema excesivamente defensivo, ou unha actitude en ocasións febre de máis, pero é o adestrador ao que a día de hoxe se debe non so un presidente que terá que xogar menos con lume na parcela deportiva se non unha afección que ten que apoiar con deportivismo do bo. E, por suposto, uns xogadores que diante de si non teñen unicamente un horizonte individual do que preocuparse, se non a responsabilidade de responder ante miles de afeccionados.

Entre uns e outros, máis outros que uns, convertiron unha focha na apocalipse e ós nosos en inimigos. A pasividade é unha actitude de cobardes pero máis o é a crítica sinxela, hipócrita, oportunista e valeira de solucións.

Lleva a tu novia al gimnasio y vive la peor tarde de tu vida

01/19/2011

El gimnasio es un sitio donde sentirte bien con tu cuerpo o, mejor todavía, con tu mente. Mens sana in corpore sano. Eso es. En el clavo. Una vez entras allí vivirás en una esfera diferente, un universo en el que pierdes tu personalidad para quedarte al servicio de las máquinas. De hecho, estoy seguro de que Humberto Eco y Philip K. Dick se pondrían las botas en un gimnasio.

“Mancuernas”, “elípticas”, “press francés”, “jalón al pecho”…. No tardarás mucho en unirte a una secta en pro del esperanto para dejar de ser un bicho raro. Eso, o clamarás a los cuatro vientos por un cuatrilingüismo armónico. Pero lo peor es cuando este Nuevo Mundo se erige contra ti. Eres un tirillas pero ella te quiere. Se acerca la primavera e iréis juntos al gimnasio para en verano lavar vuestra sucia y lasciva ropa interior sobre un abdomen de campanillas.

ERROR, CRASO ERROR

-Los steps se convertirán en un demoniaco amasijo de hierros y plásticos que harán que sus preciosos pechos bailoteen al son de lo mejor de ayer y de hoy de Cadena 100 ante la ahora despierta mirada de los corredores de fondo de la cinta.

-Venom se apoderará de esas mallas negras que le compraste en Decathlon haciéndole contonearse mientras deja tras de sí un resbaladizo reguero de babas.

-No estás estirando, estás provocando,guarra.

-Llegas a la zona de musculación. La coges del hombro para que vean que es tuya. El sudor hace que ella te mire mal. Delante de todos eres el espabilao que intentó ligar con la única chica buenorra del Nuevo Mundo.

-Siempre escuchas música pero esta vez apagas el Ipod y mantienes los auriculares puestos. Quieres saber qué van a comentar esos hijos de puta. Musculados hijos de puta. Los ojos le hacen chiribitas… ¡una mujer!

-Coges tus 10 kilos y bíceps arriba, bíceps abajo. El hijo puta A coge 25 y lo hace a tu lado. Una mirada furtiva a tu novia, mancuerna al suelo y se va a corregirle su postura. Oh no,eso sí que no, nadie corrige sus posturas. ¡Nadie mira sus abductores! Te acercas y sonríes… “su primer día, jeje”.

-Cuando te das cuenta estás rodeado de una jauría de lobos. Hipertrofiados lobos con camisetas de tiras que aúllan y corean cada serie de tu chica.

Entonces estás sentenciado. Para Eco y Philip K. Dick eres el objeto roto de la historia. No repliques ni intentes integrarte en ese apocalíptico mundo de fibras. Ya nunca más serás su chico deportista que se cuida, sino su nuevo “gordi”. Entonces solo podrás criticar a esos vigoréxicos carroñeros de curvas sudorosas y comenzar la reconquista.

El futbolista. Ese extraño lingüista

01/04/2011

Ser futbolista no es cualquier cosa. Ser cosa tampoco es sencillo. El esmero y la perseverancia son esenciales para alcanzar tal estado. Y es que los artistas del balón, esos ciclistas balompédicos que revitalizan la economía del gel fijador y de los brillantes, creadores de arte y valores inmateriales son, a su vez, una especie lingüística e intelectual todavía inexplorada por cualquier estudio sociológico.

Ser: Francesco Totti
Contexto: Entrevista. Futbolística.
Pregunta: ¿Ha leído algo de Shakespeare?
Respuesta: “Por supuesto -seguro de sí mismo-, pero no recuerdo quién escribió el libro”

Ser(gio) pensante

Yo mismo, vago y falto de espíritu de investigación, todavía no he continuado la senda marcada por Darwin en cuanto al origen de las especies. ¿Dónde está el origen del hommo futbolisty? Han sido varios los jugadores con los que he compartido conversaciones telefónicas, incluso el bueno de Mourinho me echó en su día una mirada fulminante a causa de mi teléfono en una rueda de prensa -es más de fados que de los Strokes, lo sé- y de todos ellos he aprendido algo. El futbolista es un….un…un ser cuya comprensión está lejos del ser humano convencional. Solo unos pocos saben leer entre líneas. Entre sus líneas. Y menos aún son los que saben traducirlo. Una vez lo hayas conseguido serás el rey del mambo. Y entonces, te convertirás en el video blogger más famoso del planeta.

Nuevamente recurro al Interaction Institute For Social Change de Massachusetts para hablaros del que posiblemente sea el primer estudio interesante sobre esta especie. Todavía en fase de aproximación al género, estos son algunos de los primeros datos recogidos y difundidos en diversos estudios de caso.

-Mark Viduka: “No me importaría perder todos los partidos, siempre y cuando ganemos la Liga”. Las matemáticas al servicio del fútbol.

-Sergio Ramos: “El problema es que no ha entrado el balón”. El elegido.

-Altobelli: “Quiero agradecer a mis padres por mi carrera, en especial a mi padre y a mi madre”. No quiso olvidarse de nadie.

-Mark Draper (inglés) :”Me gustaría jugar en un equipo italiano. Como el Barcelona.” . Lleva el visado y un contrato de trabajo o te repatrían. ¡Ilegal!

-Ugo Ehiogu: “Estoy tan feliz como uno puede estar. Pero he estado más feliz.” La parte contratante de la primera parte será considerada [...]

-Lee Hendrie: “Recibí un golpe en mi tobillo izquierdo. Pero algo me dijo que era mi derecho.” Acabó en El Lado Oscuro de la Fuerza.

-Responde Héctor Puebla (chileno)
-“Y usted, ¿cómo lo hace para correr tanto?, ¿cuántos pulmones tiene?”
-“Bueno… Uno, como toda la gente, ¿no?”
Ya sabemos que son superiores biológicamente.

-Responde Murci Rojas:
“Tenemos información de que se están haciendo gestiones para que vaya a jugar al extranjero. ¿Nos podría decir de dónde lo están pidiendo?”.
-“Bueno, del país no puedo contarles nada… Sólo puedo adelantarles que se trata de un equipo brasileño.”
El hombre que sabía demasiado.

Seres biológicamente supremos, con capacidades científicas asombrosas y razonamientos tan brillantes como lapidarios. El mundo del fútbol crece sin techo visiblemente perceptible y el futuro del país puede acabar en sus manos.

‘Gracias a la evolución’ que siempre nos quedará una clase política capaz. Y Sara Mago.

Making of de “Hecho añicos”

12/03/2010

Veilaquí el ‘cómo se hizo’ el corto que hicimos el señor Mansilla y yo estas últimas semanas y que en 15 días estará finiquitado. “Hecho añicos” habla sobre los paranoicos problemas del Señor Rodríguez, que tras varios accidentes trascendentales en su vida a causa de terceros factores decide acudir a un psicoanalista de forma desesperada.

El papel protagonista corre acargo de Antón Coucheiro, ‘Cou, y el del sosegado doctor a cargo de Fernando Sánchez. Eso sí, los que conozcáis a este intrépido cineasta cántabro notareis en la versión final del corto una pequeña variación en el sonido de sus cuerdas vocales. Todo obra y gentileza de Antonio Mourelos. Pero para voces, la de Jorge Escorial, periodista de pro de la Cadena Ser que traicionará a sus colores por el bien del cine.Por último, los agradecimientos acaban en nuestra querida Teriña y su inestimable ayuda en el rodaje y en Manolo y su buen hacer con la iluminación de los decorados de la consulta.

“Hecho añicos”. Making of.


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